viernes, 30 de enero de 2009

cumple

hoy este blog cumple su primer año y estoy celebrándolo en mi batita y con frió. El día esta nublado y yo he estado como apagada esta semana. Siempre ocurre así después de las inauguraciones... todo el rush, la adrenalina, estar en chinga, y después, una suave depresión que no duele pero incomoda. Algo así como un cólico menstrual.

Bueno, decía que hoy cumplimos un año. El paracaídas de estar flotando entre las nubes del ciberespacio y yo de estar colgada de él.

Las celebraciones son sobre todo los lazos invisibles que el Paracaídas me ha dado... gracias a estar flotando aquí he conocido otros espectros de mis amigos y he reconectado con gente que la vida me había lentamente separado.

Amo este paracaídas.

Nunca dije por que se llama como se llama.

Hace un par de años Lisa me regalo un salto REAL en paracaídas. Fuimos a Cuautla, me dieron una "clase" que duro menos de cuatro minutos y me trepe al avión.

El avión era del conocido estilo guagua. Apretado, pequeño y tembloroso. Los asientos eran una tabla sin lijar de cada lado. Yo iba sentada en las piernas del instructor y aunque estaba bien amarrada a él entre mas subiamos mas me le quería repegar. Como la empresa necesita hacer rendir su combustible -que es la principal inversión del paracaidismo- el avión no hace una subida suave y agradable como las de los aviones turísticos... no, este remonta al cielo urgido de alcanzar altura y no desperdiciar millas.

Los pasajeros se dividen en dos. Los primeros son los paracaidistas experimentados que saltan una y otra vez y que van solos con su paracaídas y son super cool. Los segundos son todos aquellos que están sentados sobre otro, o sea, los que como yo van a su primer -tal vez segundo- salto. Este segundo grupo esta en una especie de silencio aturdido. Hay una mujer que llora. Yo evito mirarla porque se que si cruzamos miradas yo también me echare a llorar.

Llegamos a la altura deseada y se abre la puerta. El viento lo ensordece todo. Los que van solos comienzan a lanzarse uno tras otro, simplemente desaparecen. Yo siento nauseas. Casi no lo soporto.

No se en que momento salta la mujer que lloraba con su instructor. Yo estoy muy confundida, ya no tengo claridad de nada. Dice el hombre que no conozco pero al que estoy amarrada que es mi turno. Debo confiar en que abrirá el paracaídas y no moriremos. Estoy aterrada. Me asomo a la puerta. Estoy agarrada de la parte de arriba. No puedo. No puedo y no quiero.

Con una especie de sutil caricia y orden incuestionable, el instructor toma mis manos y hace que me suelte. Solamente me da un ligero empujoncito, nada violento y entonces siento con toda claridad la muerte.

Se abre una pausa en el mundo. Siento que el corazón se detiene. Todo es blanco.

Pero la pausa dura apenas un instante, una milésima de segundo quizá. Después, un enorme placer. Las montañas, el viento, la capacidad de volar. No hay miedo. La muerte no tiene importancia. Los volcanes son miniaturas geológicas que veo desde el cielo. El instructor grita. Yo grito. Grito con toda mi capacidad pulmonar y aun así no me escucho. El viento es mas poderoso. El orgasmo mas fuerte que he tenido en mi vida. Tirarse es hacer el amor con el planeta.

De pronto, el paracaídas se abre.

Un jalón y el silencio.

El silencio mas profundo que un oído ha alcanzado. Un silencio inaudible. El retorno a la vida.



Al tocar tierra sé que llevo un paracaídas dentro y que todo en la vida es saltar. Cumplimos un año y la celebración que realmente quiero hacer es volver a Cuautla. No lo haré este fin ni el que viene. Pero lo haré pronto.

7 comentarios:

Violeta Vázquez-Rojas dijo...

Ay nanita! Hiciste que me sudaran las manos. Y de pronto puf!.... shhhhh... tienes razón: todo es salto.

Qué bonito cuentas.

Guergana Tzatchkov dijo...

chanfle. yo creo que voy a morir sin saltar de un paracaidas.

Saik dijo...

Wow. Eso estuvo bien padre! Gracias!

Larisa Escobedo dijo...

quee???? nel! avientese guergana!...si si que si viole, sudan las manos y el culo... pero hay que saltar... gracias tambien saik!

Abril Schmucler I dijo...

ahhh curioso, yo salté y no lo hubiera relatado tan propio como tus palabras!!!
A días saltaría de nuevo, a meses no me volvería a acercar a Cuautla. Sin embargo es algo que no se olvida, que se siente todo el tiempo, que ese paracaídas, como el tuyo, no se suelta jamás!

Anónimo dijo...

El miedo me mantiene viva,... o muerta...pero me mantiene.
Si muero sin saltar en paracaídas por lo menos ya pude sentir un poco de la adrenalina con tu relato, nomás de leerlo la piel se mu puso chinita y no sabía si llorar o reír.

Larisa Escobedo dijo...

muchas gracias querida anonima... y un abrazo para ti, mi querida abrilita...