miércoles, 7 de enero de 2009

maria

Ella venia de Guatemala. Yo la conocí cuando tenía como treinta años de vivir en México pero aún había en su mirada una cierta nostalgia. Hablaba de Asunción Mita, cerquita de la frontera con El Salvador. Se quedaba dormida en el caballo y el animal la llevaba a casa por instinto.

Tenía varios hermanos. Uno de ellos, el mayor, era un entusiasta de los alemanes durante la segunda guerra mundial que acostumbraba leer Los Protocolos de los Sabios del Sion (uno de los textos antisemitas mas leídos en esa época). En Guatemala todavía no había maras ni akas 47 en cada esquina, pero había muchos mestizos nazis como ellos. Mi abuela era racista a pesar de ser una migrante casi indígena.

Ella murio con Alz Heimer. No recordaba mi nombre aunque si mi cara. Se le veia feliz, y muy dulce. Por fin había podido olvidar su propia historia. Yo creo que la perdida de la memoria fue uno de los regalos más grandes que recibió en su vida. Se olvido de Guatemala y los pericos, pero también se olvido del racismo o la moral, pero sobre todo, de su marido suicida.

Ella lo olvido todo, y yo hice un esfuerzo por recordar cosas que no he vivido. Caminando entre la selva pensé mucho en ella, en su tierra que de alguna manera también es mi tierra. Su madre está enterrada ahí y las madres de su madre.

A ella la eterraron en México, a un lado de mi abuelo, el suicida, como un castigo eterno.

3 comentarios:

AnaCess dijo...

Gracias por compartir su historia. Cada vez me gusta más tu modo de contar...es mmm como casualidades que se unen suavemente.

javier moro dijo...

Me gustó mucho este Post. Sentirte ajeno en un país que no es eltuyo, es algo extraño, pero muy cierto. O saber que hay algo en tí que pertenece a otro lugar, también resulta ser una experiencia demoledora. hasta ciento punto. Enriquecedora en muchos otros sentidos.
Me gustó Larissa. Y aprovechó para mandarte una felicitación por lo de la expo. Que chido.
Saludos

Larisa Escobedo dijo...

gracias cess y javier.