jueves, 18 de noviembre de 2010

isadora

Extranho a mi hermana. Extranho su voz y su risa. Mi hermana no es cualquier persona. Es mi companhera de vida. Los hermanos no se escogen pero tampoco se puede uno separar de ellos. La hermana de una es una buena amiga, un colega. Alguien con quien hablar. Alguien con quien pelear. Los que tenemos hermanos sabemos del lazo invisible que nos une. 

La hermandad es otra relación. Esta en un punto intermedio: tiene la fortaleza y la amargura de la familiaridad pero tiene las complicidades y la comodidad de la amistad. Los hermanos vemos con los mismos ojos imágenes completamente distintas. Mi hermana me ha mostrado el mundo de formas inimaginables para mis ojos. Ella es... una ventana que camina conmigo. 

La hermandad se parece al amor, pero distinto. La hermandad es pasional y absurda, pero como no la podemos elegir nos causa menos estragos. La infancia es el lugar común. La memoria de un tiempo incontenible. La madre es el origen. 

Mi hermana es mi amiga. Pero también un monstruo que me sigue. Mi hermana ha llorado conmigo, ha reído conmigo y ha viajado conmigo. Ella es, en el mapa del desierto, una brújula que indica donde esta el oasis.

Mi hermana vive en Francia. Mientras escribo esto ella duerme. Mientras ella lee esto yo duermo. Nuestra sincronía es confusa. Esta lejos.